Hoy me ha dado un arrebato clerical y es que mi curiosidad sale por peteneras cuando se le antoja, he tenido la genial idea de repasar los siete pecados capitales y me he dado cuenta de que algunos de ellos han arraigado en mí de manera preocupante, sin embargo hay uno de ellos, la pereza, que se ha convertido en mi inseparable partenaire, además pienso que este pecadillo a veces resulta reconfortante pero sin embargo en dosis gigantescas se convierte en amenaza para la condición humana.
Sin duda el domingo es el día en el que la pereza se apodera de mí, nubla mis ideas, anula mis voluntades, inhibe mis pensamientos, es un virus letal que se atrinchera en ese microclima que se crea en torno a mi sofá, mis movimientos son lentos y pausados, la mirada perdida en algún magazín televisivo intercalado con alguna película de dudosa procedencia, me convierto en siervo de mi mando a distancia cambiando de canal sin orden ni concierto como esperando encontrar en algún momento la inspiración divina que reactive mi atención aunque sea de forma fugaz. De repente mi yacente corpachón reclama alguna necesidad básica, y en un acto de heroísmo recupero por un instante la verticalidad y me deslizo por el interminable pasillo con andares paquidérmicos hasta llegar a la “tualé” para depositar los restos de una dura digestión. Con la satisfacción del deber cumplido vuelvo a mi guarida pero en mitad de la travesía hago una parada en la cocina ya que una nueva demanda corpórea se ha rebelado con vehemencia, ya no se trata de hambre, y es aquí donde aparece otro pecado que esta íntimamente relacionado con la pereza, la gula, yo lo llamo glotonería para hacerlo menos solemne y mas llevadero, después de hacer acopio de provisiones kilocalóricas prosigo mi peregrinar hacia el diván con marcha cansina, me poso gracilmente en el nido vespertino y adopto una cómoda posición casi fetal, poco a poco el corazón aminora su ritmo y a lo lejos oigo como alguien me susurra, es Morfeo que con sus canturreos flirtea conmigo, como soy facilón me entrego a él y los párpados se convierten en losas pétreas imposibles de sostener, la siesta gana la batalla.
Y así el domingo se desgrana, gotean los minutos y la tregua dominical empieza a languidecer, sigo con mi duermevela particular cuando de repente un locutor radiofónico vocifera … gol del barça… ¡bien por ronaldinho! lo celebro dándome la vuelta en el sofá.
Despierto de mi letargo, de mi homenaje al oso pardo, de mi apología al sedentarismo, es de noche, el domingo da sus últimos coletazos, de repente, en un fogonazo de lucidez una pregunta me asalta, ¿He perdido un día de mi vida o valió la pena este abominable culto a la perrería?
Dios mío se que he pecado, dime como he de redimirme, ¿mañana es lunes? me parece una penitencia poco misericordiosa para un ente tan bondadoso. ¿no te conformas con tres Padres Nuestros?
Escrito por manolini
Escrito por manolini
Escrito por manolini 