Cada vez que veo en la tele a Ferrán Adriá impartiendo una brillante lección de cocina ante la ojiplática mirada de cientos de aprendices a cocinillas me doy de bruces con la idea de que el género humano está empezando a padecer un preocupante declive que podría derivar si alguien o algo no lo remedia en una epidemia de estupidez permanente.
No tengo nada contra el tipo, es más, admiro como ha montado un chiringuito que le da pingües beneficios y como a pesar de no ser muy fotogénico ni tener una verborrea embaucadora ha sabido montarse en el dólar a base de estrujarse las meninjes y buscarle tres pies al gato a una tortilla de patatas y utilizar un líquido humeante que transforma un vulgar zumo de naranja en unas bolitas viscosas que si me las pusieran delante no sabría si comerlas, lamerlas o introducirmelas por algún otro orificio.
A mi me parece que este tipo de cocina está dirigida a snobs pudientes con ganas de aparentar y que necesitan despilfarrar la pasta para atiborrar su ego ya que esas presentaciones tan chics con un megalitítco plato de forma inverosímil con esa especie de cagadita de paloma estreñida en el centro y cuatro chorreones de ketchup dibujando elipses en la gigantesca loza no creo que alimenten el estómago. Me imagino a esos remilgados sentados en restaurantes de postín pidiendo la carta de vinos y haciendo la cata componiendo muecas imposibles para darle mas veracidad al asunto, engullir esos simulacros de menús y cuando llegan a sus opulentas mansiones lanzarse como posesos al frigorífico en busca del reconstituyente bocata de mortadela y es que el hambre no entiende de egos.
Tampoco me seduce la idea de meterme entre pecho y espalda esos solomillos sobados hasta la extenuidad por megachefs con manos de pianista eso sí, pero tan solo la remota posibilidad de que al tío se le haya olvidado lavarse las manos despues de aliviarse en el retrete me causa cierto pavor… llamarme escrupuloso si quereis pero eso de hacer monerias con la comida cuando menos me inquieta un pelín.
Quizá sea yo el retrógrado y sea este tipo de cocina la que impere en los próximos lustros pero hacer de la comida un arte en los tiempos que corren me parece algo canallesco, excesivo y una manera más de sacarle los cuartos a los caciques del siglo XXI. Mientras en el mundo de los ricos juguetean con las viandas en otros lares menos afortunados se pelean por un mendrugo de pan, quizá peque de demagogo pero hay verdades incontestables que merecen correr este riesgo.
Yo me quedo con la tortilla de patatas de mi madre o con una buena paellita, llamarme costumbrista, reaccionario o cualquier otra lindeza pero amigos mi paladar no se la coge con papel de fumar y se conforma con lo de toda la vida para aguantar el devenir de los dias así que… deconstruyete Ferrán.
Escrito por manolini 